viernes, 14 de junio de 2013

Migraciones 

 La migración y sus fenómenos asociados se han convertido en rasgos estructurales de la economía y la sociedad latinoamericanas y también, aunque con mayor gradualismo, del escenario político de la región, incluyendo sus relaciones exteriores, las cuales empiezan a considerar como destinatarios y aliados potenciales a las diásporas en los principales países de destino. Sin embargo, es difícil precisar en qué medida incide el fenómeno migratorio en el desarrollo de América Latina. Por un lado, puede decirse que la migración es producto del subdesarrollo y la desigualdad de la región y a la vez es uno de los factores que contribuyen a perpetrarlos, si se toman en cuenta costes como la pérdida de capital humano. Por otro, la migración es consecuencia del desarrollo —inconcluso y desigual— de sociedades en transformación estructural y actualmente es uno de los factores que contribuyen a subsanar las brechas en la modernización de los países de origen —las remesas y los proyectos de desarrollo tienen un papel clave— y a crear sociedades más igualitarias por medio de, por ejemplo, la bancarización o el cambio en el papel de la mujer en las sociedades latinoamericanas, vinculado a la migración masculina o femenino . En un principio, la región era receptora de flujos migratorios procedentes de Europa. Sin embargo, desde hace décadas, América Latina es una región de fuerte emigración hacia Estados Unidos y, más recientemente, hacia países de la Unión Europea (UE) particularmente España, aunque también Portugal, Italia y Grecia, amén de otros como Reino Unido, Alemania o Francia. De hecho, podría decirse que América Latina es la región que actualmente vive de manera más intensa el fenómeno migratorio mundial.
Sin embargo, es difícil precisar en qué medida incide el fenómeno migratorio en el desarrollo de América Latina. Tampoco es fácil saber si tiene más costes o más beneficios. Por un lado, puede decirse que la migración es producto del subdesarrollo y la desigualdad de la región y a la vez es uno de los factores que contribuyen a perpetuarlos, si se toman en cuenta costes como la pérdida de capital humano (la llamada “fuga de cerebros”) y, en algunos casos, incluso la puesta en riesgo de la viabilidad del Estado en cuestión por la pérdida de población.

Por otro, la migración es consecuencia del desarrollo —inconcluso y desigual— de sociedades en transformación estructural y actualmente es uno de los factores principales que contribuyen a subsanar las brechas en la modernización de los países de origen. Entre los beneficios —reales o supuestos— de la migración latinoamericana para los países de origen habitualmente se cuentan sobre todo las remesas, las cuales apuntalan a un buen número de economías en la región, pero también el cambio en los patrones de consumo, el aumento de la inversión y el comercio , y la disminución de la pobreza, cambios que, en buena medida, pueden atribuirse a la bancarización alentada por flujos de remesas cada vez mayores. Pero la migración también está asociada a la difusión de nuevas ideas políticas y socioculturales acordes con niveles superiores de desarrollo, tales como la democracia, la rendición de cuentas en la actividad pública, la participación activa de la sociedad civil o el papel de la mujer en la sociedad. En aquellas instancias en que existen, las iniciativas de desarrollo promovidas por países de origen y de acogida también pueden sumarse a los beneficios derivados de la migración. En consecuencia, la relación entre migración, por un lado, y desarrollo, igualdad y equidad, por otro, es compleja y, a veces, hasta contradictoria. Si se me permite la analogía, la migración es como el dios romano Jano, el dios de las puertas, de los principios y finales, que por tanto se representa con una cabeza con dos caras, cada una viendo hacia direcciones opuestas .
La dualidad del fenómeno hace que sea muy difícil elaborar políticas públicas que logren transformar el círculo vicioso de la migración en un círculo virtuoso de desarrollo en América Latina. Los pocos programas gubernamentales que se han implementado recientemente y que utilizan, por ejemplo, las remesas colectivas como detonadoras de obras públicas y apenas un puñado de proyectos productivos tienen muy poco tiempo en vigor como para saber con plena certeza cuáles son sus resultados en el mediano y largo plazos. Esta situación no sólo afecta a los gobiernos latinoamericanos, que se enfrentan a lo que cada vez más puede calificarse de “hemorragia poblacional”, sino también a los países de acogida en el mundo industrializado —sin descontar, por supuesto, a los países de acogida dentro de la propia región— quienes, aun si no siempre lo reconocen, también tienen parte de responsabilidad en este ir y venir de personas, y cuya estabilidad y desarrollo también dependen de la mano de obra migrante. En suma, no parece haberse encontrado la cuadratura al círculo migratorio o, más bien, cómo hacer de la migración un activo para el desarrollo de América Latina en vez de un obstáculo más.
Las siguientes secciones buscan dar respuesta a la pregunta general de cómo y en qué medida incide el fenómeno migratorio en el desarrollo de América Latina. Para ese fin, se parte de una revisión crítica sobre las distintas teorías que buscan explicar el fenómeno migratorio actual, para luego entrar en aspectos específicos de la migración latinoamericana. Posteriormente se hace un análisis de los costes y beneficios de la migración para América Latina, a partir de tres grandes temas: remesas, pérdida de capital humano o “fuga de cerebros” y, por último, transformaciones de índole política y social atribuibles a la migración. En todos los casos se incluye una revisión de la literatura pertinente existente sobre los vínculos entre migración y desarrollo y se especifican costes y beneficios para América Latina cuando es posible hacerlo. Finalmente, se presentan algunas recomendaciones de política pública basadas en las conclusiones que de este análisis se desprenden, entre las que destaca la necesidad de partir de una visión integral del fenómeno migratorio latinoamericano, algo que, a juzgar por las políticas migratorias existentes, por el momento no se tiene, y buscar la colaboración entre los principales países expulsores y los principales países receptores de migrantes latinoamericanos desde la perspectiva de la responsabilidad compartida.

El vínculo migración-desarrollo: una visión crítica

La migración internacional no es en ningún caso un fenómeno de nuevo cuño. Sin embargo, hoy los flujos de personas que cruzan fronteras son más abundantes que nunca antes e involucran a cada vez más países. Esto se ha traducido en un interés sin precedente tanto de académicos cuanto de funcionarios gubernamentales e internacionales en el fenómeno migratorio y en sus implicaciones a todos los niveles y en todos los ámbitos, particularmente en aquellos relacionados con el desarrollo . Esto también ha dado lugar a visiones que buscan hacer de la migración un fenómeno que contribuya al desarrollo.
Históricamente, la migración generalmente aumenta cuando crece el Producto Interno Bruto (PIB), o cuando se alcanzan etapas superiores de desarrollo. Sin embargo, desde la arena de la política pública esto no suele verse así. En buena parte de las intervenciones de esta naturaleza, la migración tanto interna cuanto internacional es vista como una aberración. En consecuencia, la lectura tiende a ser que si los niveles de desarrollo en el sector rural o en el mundo en desarrollo mejoraran, entonces la gente no tendría que emigrar a las ciudades o a países más desarrollados (Skeldon, 2004).La mayoría de los políticos y de los ciudadanos en los países capitalistas desarrollados creen que saben por qué los migrantes quieren mudarse a su territorio. Los niveles de vida son bajos en las sociedades que pasan por periodos de transformación estructural y altos en el mundo capitalista desarrollado, y al mudarse de una región a otra los migrantes pueden esperar obtener una ganancia neta en su bienestar material. En términos prácticos, se asume que los migrantes hacen un cálculo coste-beneficio en el que sopesan los costes estimados de mudarse contra las ganancias —monetarias y de otro tipo— proyectadas de vivir y trabajar en un país desarrollado. Debido a que para la mayoría de la gente que no vive en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) las ganancias esperadas superan a los costes, la elección racional sería migrar (Castles, 2004). Sin embargo, la realidad es más complicada que lo que este escenario simplista sugiere, lo que significa que la mayoría de los formuladores de política en el mundo actualmente está basando sus acciones en supuestos e ideas falsas (Massey, 2003; 2005).
Primero, contrario a la creencia popular, la migración internacional no nace de la falta de crecimiento económico y desarrollo, sino del desarrollo mismo. Así como la industrialización se extendió por Europa después de 1800 y su llegada detonó olas de migración en país tras país, hoy los países más pobres y menos desarrollados no son quienes expulsan a la mayoría de los migrantes internacionales. Los países que más población expulsan actualmente son todos países en vías de desarrollo, como México , Afganistán, Bangladesh, las Filipinas, Pakistán, China, Vietnam y Colombia. Sin embargo, cabe destacar que, aunque los principales países expulsores pertenecen al mundo en desarrollo, las tasas y niveles de migración de esos países no están asociados con el crecimiento de la población o con la presión demográfica, y también que los migrantes no provienen de los lugares más pobres y menos desarrollados. Con excepción de algunas fuentes de refugiados, los migrantes internacionales tienden a ser originarios de países cuyas economías están creciendo rápidamente y en donde las tasas de fertilidad están decreciendo como resultado de su incorporación a las redes globales de comercio (Massey et al., 1998). Ningún país que haya llevado a cabo la transición hacia una economía de mercado desarrollada lo ha hecho sin pasar por el desplazamiento masivo de personas de los modos de vida tradicionales (generalmente actividades relacionadas con el campo). La consecuencia es que, en numerosos casos, una gran parte de esta población termina migrando al exterior.

Migración y desarrollo en América Latina: ¿Círculo vicioso o círculo virtuoso?
Erika Ruíz Sandoval
Instituto Tecnológico Autónomo de México* (ITAM), México D.F.






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